La 51ª edición de los Premios César en Francia dedicó una de sus noches más memorables al actor Jim Carrey, quien acudió a la capital francesa para recibir el prestigioso César de Honor. Este reconocimiento celebró su versatilidad artística, destacando tanto su maestría en la comedia física como su capacidad para el drama psicológico. Durante la gala, el protagonista de clásicos cinematográficos recibió una ovación histórica por parte del público, que se rindió ante su carisma y la profundidad emocional que proyecta en cada uno de sus trabajos.

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El homenajeado aprovechó este escenario para compartir una revelación genealógica inesperada que sorprendió a los asistentes. Los presentes en la ceremonia aplaudieron de pie la trayectoria del artista, reconociendo en él a un creador que trasciende la figura del simple comediante. De este modo, la gala francesa inmortalizó el legado de un intérprete capaz de dejar una huella imborrable en la historia del cine mediante su inabarcable talento y sensibilidad.

El humor como idioma universal

Fiel a su característico estilo irreverente, el actor inició su discurso bromeando sobre las dificultades que le planteaba el idioma local. Aunque se encontraba en la cuna del cine europeo, prefirió expresarse mayoritariamente en inglés, justificando su decisión con una frase que provocó risas inmediatas entre los asistentes al afirmar que sentía la lengua agotada.

Mediante gestos exagerados y su conocida plasticidad facial, el intérprete explicó el cansancio derivado de sus intentos por practicar la fonética francesa antes de la gala. Aseguró con humor que su rostro carecía del diseño necesario para tantas vocales nasales consecutivas, logrando así la complicidad de los académicos presentes a pesar del rigor que estos suelen mostrar con su propia lengua.

“Como actor, cada personaje que interpretas es como arcilla en las manos de un escultor, al que das forma según tus deseos. Qué afortunado he sido de compartir este arte con tantas personas que, de verdad, han abierto su corazón a mí”, dijo. “Hace aproximadamente 300 años, mi ‘tataratataratataratatarabuelo’, Marc-François Carré, sí, Carré, nació en Francia, en Saint-Malo antes de emigrar a Canadá”, contó con un tono humorístico para cerrar.

El descubrimiento de sus raíces francesas

Tras las muecas y el humor, el discurso dio paso a una profunda carga emocional cuando el actor reveló un vínculo personal con la nación anfitriona. Carrey explicó que sus ancestros procedían originalmente de Francia y que el apellido familiar, Carré, sufrió una transformación fonética al establecerse en Canadá. Esta conexión genealógica transformó el homenaje en un reencuentro simbólico con sus raíces biológicas.

Con un tono sobrio, el intérprete manifestó sentir que regresaba a casa debido a que su propia sangre reconocía aquel lugar. Tal confesión resonó con fuerza entre los asistentes, ya que la cultura francesa suele acoger con entusiasmo a las figuras internacionales que reivindican una herencia gala. De este modo, el evento cerró un círculo histórico que unió la trayectoria del artista con el pasado de su propio linaje.